* EXTRAIDO DEL MAGNIFICO BLOG CAJÓN DE SASTRE http://modestino.blogspot.com.es/

Pero Ocampos tenía un problema: era de sangre caliente; fuera del campo el hombre era un bendito, como un niño grande, pero en el césped su carácter fuerte y su afán de no dar un balón por perdido le hacía perder demasiadas veces los papeles y montar tanganas con frecuencia. Los defensas le tomaron la medida, y en cada encuentro se ejercitaban en el poco deportivo arte de provocarle; los realistas Martínez y Gorriti, el españolista De Felipe, el inefable central merengue Goyo Benito su paisano del Granada Fernández son futbolistas que cuando se enfrentaban al Zaragoza tenían como una de sus misiones principales buscarle las cosquillas al bueno de Felipe Ocampos. Los árbitros, que ya por entonces eran caprichosos y tendentes a las fijaciones, le pusieron pronto en el punto de mira y cada temporada el paraguayo se perdía unos cuantos encuentros por sanción.
Fue Ocampos el primero de los “Zaraguayos” y cuando llegó Nino Arrúa dejó de ser un luchador solitario en el área para convertir el ataque maño, junto al nuevo ídolo de la afición , en una apisonadora, cosa que se vio reforzada con la presencia de Adolfo Soto y la posterior llegada del Lobo Diarte. Corría la temporada 1973-74 y el nuevo Zaragoza de los “Zaraguayos” comenzaba a ser una máquina imparable; en el tercer partido de la primera vuelta el Zaragoza se enfrentaba al Español –recuerdo que era el mítico puente de Santo Tomás y San Valero que hacía las delicias de los colegiales de la época- y en el primer tiempo Ocampos se las tuvo con el árbitro navarro Juango Ruiz al que terminó aplaudiendo una decisión, gesto al que Juango respondió con una tarjeta roja: el equipo se quedó con 10, a pesar de lo cual venció a los periquitos por 3-1.

El Comité sancionó a Felipe Ocampos con 8 partidos, y aunque el ariete reapareció en los últimos partidos de Liga, los últimos incidentes fueron la gota que colmó el vaso de la directiva zaragocista, que decidió no renovar al jugador. A pesar de ese carácter explosivo, el recuerdo de Ocampos en Zaragoza es el de un delantero excelente, un jugador entregado al club y una buena persona, aunque ya se sabe que hay formas de ser que terminan siendo el principal enemigo de uno mismo. Lo que nadie puede discutir es que Felipe Santiago Ocampos Benítez fue un jugador muy querido en La Romareda.
Nota: La fotografía en blanco y negro la saqué de la excelente colección de "losblanquillos.com".
Y a amancio ningún partido de suspensión o que?????
ResponderEliminar