miércoles, 2 de marzo de 2011

JUEGA LA ROMAREDA

El Zaragoza inaugura ante el Athletic un tramo del calendario en el que los duelos como local adoptan un valor supremo.

La Romareda siempre fue importante en su momento y en su lugar. Por muchas y obvias razones: el calor del aficionado, la comodidad del hogar, los factores motivacionales, la confianza que otorga lo propio, la complicidad con las rutinas y las costumbres... Y en el caso que nos ocupa, un instante de la temporada afilado y abrupto como el Himalaya, La Romareda adquiere el valor supremo que le concede el calendario. Solo en su estadio se le abre al Real Zaragoza una ventana optimista y accesible en la pelea por la supervivencia. Es su oasis. Esta tarde, el Athletic de Bilbao (20.00/PPV) estrena un ciclo de partidos como local de los aragoneses en el que el Zaragoza debe hilar todos los puntos necesarios para la permanencia, que no son pocos. No parece el miércoles un buen día para la convocatoria de pasiones y la agitación de masas en un campo de fútbol, aunque el Zaragoza precisa de su gente, aborrecida y desilusionada, pero zaragocista. Después de hoy, La Romareda recibirá a Valencia, Getafe, Almería, Osasuna y Espanyol, una ristra de encuentros que ofrece mejores perspectivas que el calendario como visitante, especialmente a corto plazo.

Por eso, en medio del campo de minas, el Zaragoza se exige la natural victoria que se exige siempre, desde que sus partidos los empalaga el tópico de la 'final'. Al Zaragoza hace tiempo que se le agotaron las finales. Las finales dan felicidades, o antes de perderse o después de ganarse. La final del Zaragoza está en el 22 de mayo. Y lo del medio es sufrimiento. Hasta entonces, solo queda respirar, comenzando por hoy. Si se gana, la crudeza de sobrevivir continuará. Si se pierde o empata, la llama de la salvación menguará. De momento, el Zaragoza afronta la cita con la necesidad de recomponer el juego y los resultados que se fragmentaron durante febrero. Aguirre ha volcado su laboratorio en búsqueda de, sobre todo, una piedra filosofal que convierta a su equipo en un arma punzante y ofensiva. El gol como primer problema. El Athletic es el segundo. Su presencia física, su juego aéreo y frontal, su incandescencia genética forman la principal preocupación de los de Aguirre. En el Athletic, están pendientes de la rodilla de Gurpegui para constituir el equipo habitual. Quizá Susaeta pueda entrar por David López. El resto, lo común, con la frente blindada de Llorente y el bullicio de Toquero. Frenar las bandas bilbaínas se antoja prioritario y Aguirre estrenará laterales para la ocasión. En el derecho, se asoma Da Silva, con ventaja sobre Lanzaro para suplir a Diogo. ¿Si no juega hoy el paraguayo, cuándo lo hará? En el izquierdo, Obradovic pasa de figurar fuera de la convocatoria a la titularidad, rumbo opuesto y tan repentino como el seguido esta vez por Paredes. Rotaciones de gran elasticidad. Del resto del equipo, Aguirre no ha concedido pistas. Afirma que Uche está para los 90 minutos y eso pone al nigeriano, pese a su déficit competitivo, a la altura de un Sinama transparente y fútil en sus últimas escenas. La sorpresa, si se da, puede venir por el lado de N'Daw, en un movimiento por sumar fibras y anatomía al medio.

Y, sobre todo, jugará La Romareda, sus gradas y sus voces. «Tenemos la mejor hinchada del mundo, pero nunca he visto a un hincha marcar un gol», dijo en cierta ocasión Jock Stein, seleccionador de Escocia entre 1978 y 1985, cuando un infarto lo mató. Posiblemente, eso le falte al Zaragoza, que sus hinchas bajen y le marquen los goles.

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