lunes, 22 de febrero de 2010

QUE LO VENGAN A VER


Señalado entre culpables
La posición de Carrizo no se sostiene. El portero sigue aciago y la afición lo subraya como el gran responsable de los males zaragocistas, aunque ayer no fue el único.
Desde luego, el partido de ayer no fue el peor de Carrizo en el Zaragoza. Al menos, sus errores no fueron tan palmarios como los cometidos en jornadas anteriores, donde algunas de sus torpes, molestas e inoportunas acciones ayudaron decisivamente a los rivales. Pero la gente se ha hartado del argentino, no cabe duda, y parece poco dispuesta a perdonarle. Más bien lo contrario, va camino de convertirse en un elemento inarmónico, generador de desavenencias. Así, lo señala un dedo índice gigante, acusador, y ya se sabe que la figura de un portero aborrecido por las gradas de La Romareda es poco conveniente, mucho más en un momento de regeneración anímica y de búsqueda de la concordia, expresado en ese machacante intento de renovar a gritos los lazos de unión entre jugadores y zaragocistas. Por mucho que bramen unos, la realidad se impone. Y la verdad la cuenta el fútbol, el fútbol que la gente siente, el que ayer no vio. Por ahí es difícil engañar, por mucho bullicio que haya en las esquinas. La Romareda responde cuando el equipo se comporta. No hay más.
Gay había defendido a Carrizo con firmeza, pero ayer pasó de puntillas por la pregunta referida al argentino, evitando el análisis individual. El entrenador, antes jugador, ha vivido en La Romareda suficientes episodios similares como para saber que esa focalización de culpas es peligrosa, y que indefectiblemente, más pronto que tarde, se vuelve insoportable para el portero, correspondientemente también para su equipo.
Carrizo ha sido criticado casi desde siempre. La situación, lejos de cambiar, se ha ido enmarañando. Así lo manifestó una vez más la afición ayer durante el partido. Incluso antes del partido, cuando fue recibido con pitos audibles, para él y para todos.
Volviendo atrás, el juicio parcial deja a Carrizo en mal lugar pese a que ayer fue tan culpable como otros. Demasiados errores pasados, fallos y hasta disparates. Ante el Sporting se equivocó menos que otras veces --pudo hacer más en el segundo gol, es evidente, pero no fue un error del calado de varios de los anteriores-- y aun así fue malo. Tiene un problema añadido, que ya le mandó al banquillo en la primera vuelta: no es que falle, es que no saca una.
A su alrededor no hay que olvidar que se vio a un equipo tan nervioso como perdido, irreconocible respecto a los últimos minutos que había jugado en La Romareda. Vuelta al pasado, sin chispa, sin alma ni pasión. Muy mala pinta. El fútbol dejó en mal lugar a casi todos, empezando por algunos de los que habían llegado para conducir la salvación y que ayer se pegaron un tortazo de los buenos. Algunos nombres con adjetivos: Edmilson, mayor y lento; Eliseu, obtuso y encrespado; Colunga, farruco y chupón; y Lafita, desconocido y terco. Tan culpables como Carrizo, como todos.
Señalado entre culpables ( El Periódico de Aragón - 22/02/2010 )

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