El Zaragoza tira el partido a la basura en el tramo final por especular y suma una derrota dolorosa.

El Zaragoza rozó la victoria en el Rico Pérez, un triunfo cimentado en un madrugador tanto de Braulio que era oro puro, que mantenía la línea ascendente del equipo en este 2011 y que hundía a un rival directo como el Hércules, inferior en la mayor parte del partido y que aprovechó el tramo final para ganar el encuentro gracias al acierto de Farinós. Está claro que el que tuvo, retuvo. El centrocampista marcó un gran gol y dio el de la victoria a Trezeguet, aunque Jarosik ayudó lo suyo. Ese desenlace no hizo justicia al desarrollo, pero el Zaragoza encontró castigo por no mantener el estilo que le había llevado a superar al Hércules. Quiso dejar pasar el tiempo y el reloj le atropelló de lleno.
El triunfo era demasiado botín de un solo golpe, una golosina muy jugosa que llevó al equipo y a su entrenador a especular con un marcador favorable desde el minuto tres. Conforme el partido avanzó hacia su final, el Zaragoza se dio más cuenta del tesoro que suponía ese tanto de Braulio y solo pensó en conservarlo. Ése fue el mensaje que mandó Aguirre con sus cambios, aunque él dijera después lo contrario, y así lo recibió el equipo que tiró a la basura en nueve minutos, del 79 al 88, un buen trabajo táctico anterior y que sumó una derrota dura en lo psicológico que implica que el descenso quede a solo un punto.
El trabajo del Vasco con este Zaragoza es extraordinario. El equipo tiene un plan, está ordenado y, con sus propias limitaciones, hasta tiene ratos de un fútbol aceptable. En el Rico Pérez, el conjunto zaragocista fue superior a su rival, sobre todo en la primera parte, donde quedó claro que la mejoría de este Zaragoza de la mano del mexicano tiene una sola clave: colectivo. Aguirre ha hecho un bloque, un equipo ordenado y metido, que cree en el técnico y que plasma sobre el césped los mensajes que le llegan. Si a ese trabajo grupal se le une el buen momento de jugadores como Contini o Ponzio el resultado es un primer acto donde el Zaragoza sacó del partido al Hércules y desquició a la grada, que pitó a un equipo lleno de dudas y que venía de cuatro derrotas.
Braulio encontró el gol nada más arrancar. Es lo que más le cuesta, pero lo logró en una falta medida de Boutahar, que tiene un guante para la estrategia. Por cierto, los goles en esta suerte empiezan a llegar, porque Bertolo anotó así en Málaga. El gol espoleó al ariete canario, que fue una pesadilla para la nerviosa zaga del Hércules, y a todo el equipo, que mandó en el partido y hasta combinó con acierto en algunas fases, donde el balón se movió con cierta fluidez entre Boutahar, Ander y Gabi.
El Hércules no generó apenas peligro en la primera parte, fue un conglomerado de incapacidad por el acierto táctico del Zaragoza y solo Tote encendió la luz de vez en cuando. Trezeguet pasó desapercibido, quizá guardando fuerzas para sentenciar al final y Farinós no pudo coger la manija. Después sería el protagonista del triunfo alicantino tras muchos meses sin jugar. Así es el fútbol.

Pero a este Zaragoza le llega demasiado justo para ganar metiendo toda la intensidad y jugar a la especulación le viene muy grande. Eligió el camino equivocado y Farinós dio forma a sus peores pesadillas. Un trallazo desde 30 metros y sin oposición tras un córner sorprendió a Leo Franco y a todo el equipo, que se despertó viendo alejarse su tesoro. Intentó recuperarlo con dos remates de Sinama y otro de Bertolo, pero ya era tarde. Trezeguet le terminó de castigar con Jarosik como mejor espectador y Farinós de perfecto asistente. Sí, nueve minutos fatídicos, pero también una lección para un futuro donde queda aún mucho que remar para lograr la permanencia
El camino equivocado ( El Periódico de Aragón - 14/02/2011 )
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