miércoles, 2 de febrero de 2011

HAY QUE TENER CUIDADO CON LA TÉCNICA ERMAKOVA



En 1999 el tenista Boris Becker protagonizó una de las escaramuzas sexuales más truculentas que se recuerdan. Boris tuvo un affaire con una modelo, Ángela Ermakova, que no pasó a mayores: una sesión de sexo oral. Pero Ermakova iba preparada para todo: guardó el semen del tenista en su boca, lo pasó a un bote preparado para la ocasión y se lo inseminó. Un año después, el teutón recibió la buena nueva: había sido padre de una preciosa niña, Anna, de tez oscura y pelo rojo. Boris cayó en una trampa que le había tenido la mafia rusa, que le logró extorsionar 2 millones de euros por un ratito de gloria.
Un tribunal de EEUU acaba de fallar en un caso parecido, aunque en este caso no hay famosos implicados, sino un pobre hombre, Richard Phillips, cuyo esperma –obtenido con la que ya podemos denominar “técnica Ermakova”- fue utilizado sin su consentimiento por una antigua amante para embarazarse. Un tribunal
ha condenado a Phillips a pasar 800 dólares mensuales a la mujer, Sharon Irons, en concepto de manutención de la criatura.
El tribunal de apelación que ha revisado el caso entiende que el hombre “participó
en actos sexuales en los que ninguna persona razonable pensaría que pudiera resultar en embarazo, utilizando el esperma de una forma no ortodoxa e imprevisible, desencadenando consecuencias extremas”. No obstante, el juez cree que “al entregar el esperma éste se convirtió en un regalo, una transferencia absoluta e irrevocable de propiedad del donante al receptor” (Santa Rita Rita…) y, además, “no existía un acuerdo para reclamar la devolución del depósito original”.
Así que ya saben, amigos pudientes, la próxima vez que vayan a ser objeto de un mamazo recuerden exigir la devolución del depósito original o, mejor aún, destruirlo personalmente. Si no, aténganse a las consecuencias.

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