
De todos los males que acechan a España sin duda, uno de los más peligrosos es la inminente desaparición del bar de toda la vida. Estamos sufriendo una autentica invasión de bares de diseño, de tapas
superelaboradas, de tabernas de todos los
países anglosajones, de bares de chinos...se está perdiendo la esencia del bar de toda la vida. Del bar con olor a fritanga y con camarero (vulgarmente conocido como jefe) desagradable pero con
corazoncito, del palillo en la boca, del
pacharan o el orujo
después de comer, del suelo lleno de restos
orgánicos y de sobras, del guiñote, de que la tapa más elaborada fuera una croqueta y la
salmuera el más alto placer gastronómico. Pero sobre todo se echa de menos a los habituales, gente de edad madura para los cuales el bar era su casa y que
compartian para todo aquel que quisiera (o no quisiera escuchar) sus reflexiones sobre la vida.
Generalmente los temas de
conversación versaban sobre lo malas que son las mujeres, el
amariconamiento de la sociedad actual, fútbol (que nunca falte) y cualquier recuerdo por más que fuera absurdo.
Desde
aquí os recomendamos la lectura de este blog en que un insigne conocedor de las barras de todo tipo de bares nos obsequia con su verbo fácil y sus agudas reflexiones. Dignas sin duda de míticos bares como Casa
Primi.
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